Director: Guillermo
Alejandro Bavera, Méd. Vet., Profesor Titular Efectivo de Producción Bovina de Carne,
Depto. Producción Animal,
Facultad de Agronomía y Veterinaria, Universidad Nacional de Río
Cuarto, Río Cuarto, provincia de Córdoba, República Argentina
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Promotores del crecimiento
María
Dolores Carro y María José Ranilla*. 2002. Albeitar, España, Mayo 2002.
*Departamento de Producción
Animal I, Universidad de León, España.
Los aditivos son usados rutinariamente en la
alimentación animal con tres fines fundamentales: mejorar el sabor u otras
características de las materias primas, piensos o productos animales, prevenir
ciertas enfermedades, y aumentar la eficiencia de producción de los animales.
El rango de aditivos utilizados con estos fines es muy amplio (ver Tabla 1), ya
que bajo este término se incluyen sustancias tan diversas como algunos
suplementos (vitaminas, provitaminas, minerales, etc.), sustancias auxiliares
(antioxidantes, emulsionantes, saborizantes, etc.), agentes para prevenir
enfermedades (coccidiostáticos y otras sustancias medicamentosas) y agentes
promotores del crecimiento (antibióticos, probióticos, enzimas, etc.). Dentro
del grupo de los aditivos antibióticos están aquellos que se utilizan como
promotores del crecimiento de los animales (APC), y que también son denominados
"modificadores digestivos".
Tabla 1. Categorías de
aditivos que pueden utilizarse en la Unión Europea
(Ministerio
de Agricultura, Pesca y Alimentación, 2000)
♦
Antibióticos
♦
Sustancias antioxidantes
♦
Sustancias aromáticas y saborizantes
♦
Coccidiostáticos y otras sustancias medicamentosas
♦
Emulsionantes, estabilizantes, espesantes y
gelificantes
♦
Colorantes incluidos los pigmentos
♦
Conservantes
♦
Vitaminas, provitaminas y otras sustancias de efecto análogo
químicamente bien definidas
♦
Oligoelementos
♦
Agentes ligantes, antiaglomerantes y coagulantes
♦
Reguladores de la acidez
♦
Enzimas
♦
Microorganismos
♦
Ligantes de radionucleidos
Los APC son unos de los aditivos más utilizados en la
alimentación animal. Según un estudio de la Federación Europea para la Salud
Animal, en 1999 los animales de granja de la Unión Europea consumieron 4.700
toneladas de antibióticos, cifra que representó el 35 % del total de
antibióticos utilizados. De estos antibióticos, 786 toneladas (un 6 % del
total) se utilizaron como aditivos promotores del crecimiento. Sin embargo, la
cantidad de APC disminuyó más de un 50 % desde 1997, año en el que se
consumieron 1.600 toneladas (un 15 % del total).
Los APC provocan modificaciones de los procesos
digestivos y metabólicos de los animales, que se traducen en aumentos de la
eficiencia de utilización de los alimentos y en mejoras significativas de la
ganancia de peso. Algunos procesos metabólicos modificados por los APC son la
excreción de nitrógeno, la eficiencia de las reacciones de fosforilación en las
células y la síntesis proteica. Los APC también producen modificaciones en el
tracto digestivo, que suelen ir acompañadas de cambios en la composición de la
flora digestiva (disminución de agentes patógenos), reducciones en el ritmo de
tránsito de la digesta, aumentos en la absorción de algunos nutrientes (p.e.
vitaminas) y reducciones en la producción de amoníaco, aminas tóxicas y a
-toxinas (Rosen, 1995). En los animales rumiantes adultos, los APC provocan un
aumento de la producción de propiónico, una disminución de la producción de
metano y de ácido láctico, y una disminución de la degradación proteica y de la
desaminación de los aminoácidos. Todos estos cambios producen un aumento de la
eficiencia del metabolismo energético y nitrogenado en el rumen y/o en el
animal. En resumen, la utilización de APC reduce la incidencia de enfermedades
en el ganado, mejora la digestión y utilización de los alimentos, y reduce la
cantidad de gases y excretas producidos por los animales. Todo ello se traduce
en beneficios tanto para el consumidor, a través de una reducción del precio de
los productos animales, como para el medio ambiente. Sin embargo, estos efectos
de los APC son menos acusados, llegando a ser incluso imperceptibles, cuando
los animales que los reciben se encuentran en condiciones de higiene y manejo
óptimas.
En la Directiva 70/524/CEE del Consejo de la Unión
Europea y en sus posteriores modificaciones (cuyo número supera la centena en
la actualidad) se recogen las disposiciones legislativas, reglamentarias y
administrativas a escala comunitaria en relación con los aditivos utilizados en
la alimentación animal. Esta Directiva establece que los APC no deben causar
daños a los consumidores a través de alteraciones de las características de los
productos animales, y no deben dejar residuos inaceptables de compuestos
relacionados o de sus metabolitos en la carne, leche o huevos. A pesar de ello,
no existen estudios fiables que hayan investigado la existencia de residuos de
estas sustancias en los productos animales, y en la legislación europea vigente
no figuran límites máximos de residuos, ni existe un período de retirada previo
al sacrificio de los animales. Las primeras autorizaciones de antibióticos como
aditivos promotores del crecimiento incluyeron un total de 13 sustancias
(Directiva 70/524/CEE), que continuaron aumentando hasta alcanzar la cifra
máxima de 24 en diciembre de 1998. Esta lista se ha visto reducida
progresivamente, ya que el Consejo de la Unión Europea ha prohibido la
utilización de la mayoría de ellos, de tal forma que en la actualidad
únicamente está autorizado el uso de cuatro: flavofosfolipol, monensina sódica,
salinomicina sódica y avilamicina. Esta autorización es temporal, ya que el
pasado 25 de marzo la Comisión de la Unión Europea propuso la prohibición de
estos cuatro antibióticos en enero de 2006. La prohibición del uso de APC se basa,
esencialmente, en la peligrosidad de estas sustancias por su capacidad para
crear resistencias cruzadas con los antibióticos utilizados en medicina humana.
Sin embargo, desde algunos sectores se apuntan otras razones, como son la
existencia de intereses comerciales y la posibilidad de bloquear así la
importación de productos animales procedentes de países en los que el uso de
estas sustancias está permitido.
Por otra parte, en la opinión pública existe una
tendencia generalizada al rechazo de todo lo que no sea "natural".
Las últimas crisis provocadas por la aparición de la encefalopatía espongiforme
bovina en el Reino Unido, la contaminación por dioxinas en Bélgica y el
escándalo asociado al uso de lodos procedentes de aguas residuales en Francia,
han sensibilizado a los consumidores europeos con el mensaje de que la
seguridad de los alimentos de origen animal empieza por la seguridad de los
alimentos para los animales, incluidos los aditivos. Desde un punto de vista
científico, la definición de "calidad y seguridad" de un alimento de
origen animal se fundamenta en el conocimiento de los procesos nutritivos e
higiénico-toxicológicos en los que se basa su producción, aunque también pueden
intervenir otros aspectos como son la ética y el bienestar de los animales y la
protección del medio ambiente. Sin embargo, en el consumidor influye más el
criterio de que el alimento sea "natural" y completamente aceptado
por la opinión pública y los medios de comunicación. En este sentido, los
medios de comunicación y las decisiones políticas juegan un gran papel en la
aceptación que puede tener un determinado alimento (o aditivo) en el mercado.
La prohibición total del uso de APC puede tener
repercusiones sobre la salud de los animales y de los consumidores, así como
sobre el medio ambiente. Asimismo, esta prohibición tendrá importantes
implicaciones económicas. Debido a la actividad antimicrobiana de los APC,
algunos investigadores han sugerido que la supresión de estas sustancias puede
provocar un aumento de la incidencia de determinadas patologías en los animales
(diarreas, acidosis, timpanismo, etc.). Sin embargo, otros autores sugieren que
si se toman medidas para mejorar el estado higiénico-sanitario de los animales
se pueden paliar estos posibles efectos negativos sobre su salud y bienestar.
Los APC tienen un efecto favorable sobre la producción
de excretas y de gases, ya que reducen la producción de metano y la excreción
de nitrógeno y fósforo. Se ha estimado que la supresión del su uso en la
alimentación del ganado porcino, vacuno y avícola en Alemania, Francia y el
Reino Unido aumentaría anualmente la emisión de nitrógeno y fósforo en 78.000
toneladas. Asimismo, también podría aumentar la producción de metano (uno de los
gases responsables del efecto invernadero) de forma alarmante: se calcula que
solamente en los tres países citados anteriormente aumentaría en
La prohibición del uso de APC tendrá importantes implicaciones
económicas en el sector zootécnico, ya que conllevará un aumento de los costes
de producción. En nuestro país, se ha estimado que la prohibición del uso de
APC puede provocar un aumento global de los costes de producción entre el 3,5 y
el 5 %, según la producción considerada.
Todos estos inconvenientes podrían paliarse si se
encuentran alternativas eficaces al uso de estos antibióticos. En este sentido,
la propuesta remitida por la Comisión de la Unión Europea el pasado 25 de marzo
hace hincapié en la necesidad de desarrollar alternativas válidas a los APC.
Estas alternativas deben cumplir dos requisitos fundamentales: ser eficaces
(ejercer un efecto positivo sobre la producción animal) y seguras (ausencia de
riesgo para la salud humana, la salud animal y el medio ambiente).
De forma general, pueden considerarse dos alternativas
al uso de APC: la implantación de nuevas estrategias de manejo y la utilización
de otras sustancias que tengan efectos similares a los de los APC sobre los
niveles productivos de los animales. Las estrategias de manejo deben ir
encaminadas a reducir la incidencia de enfermedades en los animales, de forma
que se evite tanto la disminución de los niveles productivos ocasionada por las
mismas como el uso de antibióticos con fines terapéuticos. Estas estrategias
pueden agruparse en cuatro apartados (Committee on Drug Use in Food Animals,
1999):
a)
prevenir o reducir el estrés a través de estrictos
controles de la higiene de los animales, de la calidad de los alimentos que reciben y de las condiciones medioambientales en
las que se crían
b)
optimizar la nutrición de los
animales, de forma que se mejore su estado inmunológico y se eviten cambios
bruscos en las condiciones alimenticias
c)
erradicar en la medida de lo posible algunas enfermedades
d)
seleccionar genéticamente animales resistentes a enfermedades.
En cuanto a las sustancias alternativas, destacan como
principales opciones los probióticos y prebióticos, los ácidos orgánicos, las
enzimas y los extractos vegetales.
Bajo el término "probiótico" se incluyen una
serie de cultivos vivos de una o varias especies microbianas, que cuando son
administrados como aditivos a los animales provocan efectos beneficiosos en los
mismos mediante modificaciones en la población microbiana de su tracto
digestivo. La mayoría de las bacterias que se utilizan como probióticos en los
animales de granja pertenecen a las especies Lactobacillus, Enterococcus y
Bacillus, aunque también se utilizan levaduras (Saccharomyces cerevisiae) y
hongos (Aspergillus oryzae). Numerosos estudios han señalado que los
probióticos producen mejoras en el crecimiento y/o índice de conversión de
cerdos y aves similares a los obtenidos con APC (Hillman, 2001). Sin embargo,
la actividad de los probióticos es menos consistente que la de los APC, de tal
forma que el mismo producto puede producir resultados variables, y existen
muchos estudios en los que no se ha observado ningún efecto. Por otra parte,
los efectos de los probióticos son mucho más acusados en las primeras semanas
de vida de los animales, especialmente en el período posterior al destete en el
caso de los mamíferos. En los rumiantes adultos se ha observado que el uso de probióticos
(Saccharomyces cerevisiae y Aspergillus oryzae) puede incrementar la producción
de leche (entre 1 y
Si bien todavía se desconocen muchos aspectos de los
mecanismos de acción de los probióticos, parece que éstos impiden a los
microorganismos patógenos (p.e. Salmonella, E. coli) colonizar el tracto
digestivo, o al menos reducen su concentración o su producción de toxinas.
Asimismo, se han registrado aumentos de la concentración de inmunoglobulinas en
el tracto digestivo de cerdos tras la administración de Bacillus clausii, por
lo que otro efecto de los probióticos podría ser la estimulación del sistema
inmunológico del animal. El resultado es que los animales que reciben
probióticos presentan un mejor estado sanitario que se puede traducir en una
mejora del crecimiento. El mecanismo de acción de las levaduras en el caso de
los animales rumiantes es múltiple y complejo: eliminan trazas de oxígeno que
penetran en el rumen y favorecen así el crecimiento de las bacterias anaerobias
estrictas; compiten con las bacterias amilolíticas productoras de lactato por
la glucosa y oligosacáridos, disminuyendo la producción de lactato; liberan al
medio ruminal ácido málico que favorece el crecimiento de Selenomonas
ruminantium, la cual es capaz de metabolizar el lactato hasta popionato; y
producen nutrientes que estimulan el crecimiento de la bacterias ruminales.
Como consecuencia de estas acciones, el pH ruminal se estabiliza (se impide el
descenso acusado del mismo cuando se administran raciones ricas en
concentrados) y aumenta la degradación de la fibra (debido a la proliferación
de las bacterias celulolíticas).
Los probióticos son aditivos totalmente seguros para
los animales, el consumidor y el medio ambiente, pero presentan dos inconvenientes
principales: la falta de consistencia de su actividad y que su precio es entre
un 20 y un 30 % superior al de los APC. Las investigaciones en este campo se
centran en identificar claramente los mecanismos de acción de los probióticos
para producir nuevos cultivos que presenten un mayor efecto e identificar las
condiciones óptimas para su empleo. Un punto fundamental en este aspecto es
asegurarse de que los microorganismos seleccionados no presenten resistencias a
antibióticos, para evitar el peligro potencial de que estas resistencias se
transfieran a los microorganismos del tracto digestivo. Aunque la primera
autorización de un probiótico en la Unión Europea no se produjo hasta 1994,
actualmente existen más de veinte preparaciones probióticas con autorización
provisional, y su número va en aumento.
El término "prebiótico" incluye a una serie
de compuestos indigestibles por el animal, que mejoran su estado sanitario
debido a que estimulan del crecimiento y/o la actividad de determinados microorganismos
beneficiosos del tracto digestivo, y que además pueden impedir la adhesión de
microorganismos patógenos. Las sustancias más utilizadas son los
oligosacáridos, que alcanzan el tracto posterior sin ser digeridos y allí son
fermentados por las bacterias intestinales. Con una cuidada selección de los
oligosacáridos, se puede favorecer el crecimiento de las bacterias
beneficiosas. Por ejemplo, se ha observado que los fructo-oligosacáridos
favorecen el crecimiento de Lactobacillus y Bifidobacterium en el ciego de las
aves y aumentan así su ritmo de crecimiento, pero no se ha observado este
efecto en los cerdos (Hillman, 2001). En los cerdos se ha observado que la
administración de manano-oligosacáridos produce mejoras en la ganancia de peso
vivo similares a las observadas con algunos APC. Los efectos de los prebióticos
parecen depender del tipo de compuesto y su dosis, de la edad de los animales,
de la especie animal y de las condiciones de explotación (Piva and Rossi,
1999). Debido a que estos compuestos son sustancias totalmente seguras para el
animal y el consumidor, es de esperar que su utilización se incremente en el
futuro, y que continúen las investigaciones para identificar las condiciones
óptimas para su uso. Por otra parte, ya que los modos de acción de los
probióticos y los prebióticos no son excluyentes, ambos pueden utilizarse
simultáneamente (constituyen así los denominados "simbióticos") para
obtener un efecto sinérgico.
La utilización de acidificantes (ácidos orgánicos e
inorgánicos) en la alimentación de lechones, aves y conejos permite obtener
aumentos de su ritmo de crecimiento. En los últimos años se ha impuesto el uso
de ácidos orgánicos (fórmico, láctico, acético, propiónico, cítrico, málico y
fumárico) y de sus sales frente a los ácidos inorgánicos, debido a su mayor
poder acidificante. Los efectos de los ácidos orgánicos son más acusados en las
primeras semanas de vida de los animales, cuando aún no han desarrollado
totalmente su capacidad digestiva. En los lechones, la secreción ácida del
estómago no alcanza niveles apreciables hasta 3 o 4 semanas tras el destete.
Durante este tiempo, una gran cantidad de material no digerido alcanza el colon
y favorece la proliferación de microorganismos patógenos que producen colitis y
diarreas. Los ácidos orgánicos mejoran el proceso digestivo en el estómago, de
tal forma que disminuye el tiempo de retención del alimento y aumenta la
ingestión, a la vez que se previenen los procesos diarreicos. Por otra parte,
los ácidos orgánicos pueden ser absorbidos por el animal, representando así una
fuente adicional de nutrientes. Los ácidos orgánicos pueden también inhibir el
crecimiento de determinados microorganismos digestivos patógenos, ya que
reducen el pH del tracto digestivo y además tienen actividad bactericida y
bacteriostática.
En los animales rumiantes la utilización de ácidos
orgánicos está mucho menos extendida, y las experiencias realizadas hasta el
momento se reducen a los ácidos málico y fumárico. Estos ácidos ejercen su
acción a nivel del rumen, donde estimulan el crecimiento de Selenomonas
ruminantium. Esta bacteria puede metabolizar el ácido láctico para producir
acético y propiónico, de tal forma que se previene el acusado descenso del pH
ruminal producido cuando los animales reciben grandes dosis de concentrados.
Por otra parte, esta bacteria también metaboliza los ácidos málico y fumárico
hasta propiónico, por lo que aumenta la producción de este último. Los efectos
de los ácidos orgánicos sobre la fermentación ruminal (aumento de la producción
de propiónico, disminución de la concentración de ácido láctico, estabilización
del pH ruminal, disminución de la producción de metano) son similares a los
obtenidos con los antibióticos ionóforos. Sin embargo, las respuestas productivas
de los animales obtenidas en los escasos experimentos realizados con terneros
en cebo o vacas lecheras no son consistentes. En este sentido, todavía deben
definirse las condiciones de alimentación en las que estos ácidos resultan más
eficaces, así como las dosis óptimas en cada caso.
Los ácidos orgánicos aparecen en la lista de aditivos
autorizados por la Unión Europea, dentro del grupo de los
"conservantes", y se permite su uso en todas las especies animales.
Estos ácidos pueden considerarse sustancias seguras, ya que no abandonan el
tracto digestivo y por ello no pueden dejar residuos en los productos animales.
El principal inconveniente que plantea su uso, sobre todo en el caso de los
animales rumiantes (en los que la dosis debe ser mayor), es su elevado coste.
Por otra parte, estos ácidos también presentan dificultades de manejo debido a
que son sustancias corrosivas. Además, cuando se utilizan en dosis elevadas
pueden afectar negativamente a la palatabilidad de los alimentos y disminuir su
ingestión. La alternativa actual es combinar dosis bajas de estos productos con
otros aditivos (probióticos, aceites esenciales, etc.) que presenten acciones
similares en el tracto digestivo de los animales.
Las enzimas son proteínas que catalizan diferentes reacciones
bioquímicas. Los preparados enzimáticos utilizados como aditivos en la
alimentación animal actúan a nivel del sistema digestivo, ejerciendo diferentes
acciones como son eliminar factores antinutritivos de los alimentos, aumentar
la digestibilidad de determinados nutrientes, complementar la actividad de las
enzimas endógenas de los animales y reducir la excreción de ciertos compuestos
(p.e., fósforo y nitrógeno). Los preparados enzimáticos son eficaces si se
utilizan en las condiciones idóneas. Un punto fundamental es la especificidad
de cada enzima por un sustrato determinado. Por ello, las preparaciones
enzimáticas debe estar perfectamente caracterizadas y ser utilizadas únicamente
sobre aquellas raciones que contengan los sustratos adecuados. Otro punto
fundamental es que las enzimas son proteínas termolábiles, hecho que debe ser
tenido en cuenta a la hora de elaborar los preparados enzimáticos y de
aplicarlos a las raciones.
Las principales enzimas utilizadas en la alimentación
de los animales monogástricos son: b-glucanasa, xilanasa, a-amilasa, a-galactosidasa,
fitasa, celulasas y proteasas. Los preparados enzimáticos resultan
especialmente eficaces en el caso de las aves, en las que se han descrito
mejoras de su crecimiento (entre un 2 y 6 % en broilers alimentados con granos
de cereales) y del índice de conversión (entre un 2 y 4 %). En el caso del
ganado porcino también se han descrito mejoras similares en la ganancia diaria
de peso, si bien en todos los casos la magnitud de la respuesta depende del
tipo de preparado enzimático y de los componentes de la ración que reciben los
animales. En cuanto a los animales rumiantes, la utilización de enzimas en su
alimentación no está muy extendida. En estos animales pueden resultar pueden
resultar muy útiles las enzimas fibrolíticas (celulasas, xilanasas, etc.) en
aquellas ocasiones en las que las prácticas de alimentación provocan un
ambiente ruminal desfavorable para la degradación de la fibra (p.e. raciones
con un elevado porcentaje de concentrados que producen un acusado descenso del
pH ruminal). También serían útiles los preparados enzimáticos que permitieran
eliminar las barreras que impiden el acceso de las enzimas microbianas a
algunos alimentos, como serían proteasas que rompieran la matriz proteica que
rodea a los gránulos de almidón del maíz, o cutinasas y estearasas que
rompieran los enlaces que establecen la lignina y la cutina con las
hemicelulosas de la pared celular de los forrajes.
Los preparados enzimáticos deben ser diseñados para
superar los factores que limitan la digestión de cada tipo de alimento en cada
especie animal, y en la práctica se deben combinar de forma correcta enzima y
sustrato. Las perspectivas de futuro pasan por desarrollar combinaciones de
enzimas adecuadas a los nuevos ingredientes que se van incorporando a las
raciones en las distintas etapas de producción, así como en fabricar enzimas
más estables y más baratas. El gran desarrollo que pueden llegar a presentar
estos aditivos se refleja en el hecho de que desde 1998, año en el que se
aprobó por primera vez el uso de un preparado enzimático, se ha autorizado el
uso de más de cincuenta preparaciones enzimáticas en la Unión Europea, aunque
sólo una de ellas posee una autorización permanente. Por otra parte, estos compuestos
deberían ser bien aceptados por el consumidor, ya que no se absorben y no
pueden dejar residuos en los productos animales. Sin embargo, muchas de las
enzimas son producidas por microorganismos que han sido modificados
genéticamente para aumentar su capacidad de producción enzimática. A pesar de
que todos estos microorganismos han sufrido un proceso de evaluación de su
seguridad de acuerdo con la normativa europea, su utilización puede causar
reticencias en algunos consumidores.
La utilización de plantas y de hierbas medicinales, o
de alguno de sus componentes, se plantea actualmente como una de las
alternativas más naturales a los APC. Algunas plantas (anís, tomillo, apio,
pimiento, etc.) contienen aceites esenciales que les confieren propiedades
aromáticas. Tal y como se ha observado en diferentes experimentos, la
utilización de estos aceites puede producir aumentos de la ganancia diaria de
peso similares a los registrados con APC en cerdos y pollos (Piva and Rossi,
1999). Otras plantas, como los cítricos (naranja, pomelo, mandarina, etc.)
contienen bioflavonoides que también pueden producir efectos positivos sobre
los rendimientos productivos de los animales. Los mecanismos de acción de estas
sustancias, y de otras extraídas de diferentes plantas, no se conocen
totalmente, y varían según la sustancia de que se trate, pero algunos de los
mecanismos propuestos son: disminuyen la oxidación de los aminoácidos, ejercen
una acción antimicrobiana sobre algunos microorganismos intestinales y
favorecen la absorción intestinal, estimulan la secreción de enzimas
digestivos, aumentan la palatabilidad de los alimentos y estimulan su
ingestión, y mejoran el estado inmunológico del animal. En el caso de los
animales rumiantes se han realizado menos experiencias, pero existen ya
productos comerciales a base de extractos de Yucca shidigera. La utilización de
estos extractos (ricos en saponinas) provoca en el rumen un descenso de las
bacterias Gram+ y de los protozoos, lo que se traduce en una reducción de los
niveles de amoníaco en el rumen, aumenta la producción de ácidos grasos
volátiles y puede incluso incrementar la síntesis microbiana. En los animales
no rumiantes estos extractos han demostrado también su actividad, ejerciendo su
efecto antiprotozoario y mejorando el estado inmunológico de los animales.
Los extractos de plantas forman parte de lo que se
denomina "zona gris" en los aditivos, un grupo de sustancias
"toleradas" pero no admitidos como aditivos de manera estrictamente
legal. Los extractos vegetales entrarían dentro del grupo de aditivos
clasificado como "sustancias aromáticas y saborizantes", en el que se
incluyen "todos los productos naturales y los productos sintéticos
correspondientes", y que pueden utilizarse en todas las especies animales,
sin restricción alguna en su edad o en la dosis de producto. Dada que estos
productos son muy bien aceptados por el consumidor, son una de las alternativas
a los APC con más futuro, y la búsqueda de nuevas sustancias representa una
importante área de investigación en el campo de los aditivos alimentarios. Sin
embargo, también presentan algunos inconvenientes, ya que la obtención de
extractos vegetales es en muchos casos complicada y costosa, las dosis
efectivas de los mismos pueden ser elevadas, y en muchos casos se trata de
compuestos volátiles. Además, es necesario conocer la procedencia de estos
productos para que su utilización sea realmente segura, lo que actualmente no
resulta fácil.
Tabla 2. Ventajes e
inconvenientes de algunas posibles alternativas a los antibióticos promotores
del crecimiento (APC)
|
Aditivo |
Ventajas |
Inconvenientes |
|
Probióticos |
-
Inocuos para el animal y el consumidor - Buena
aceptación por el consumidor (siempre que no sean microorganismos modificados
genéticamente) |
-
Elevado coste -
Eficacia variable - Menor
eficacia que los APC -
Posible transferencia de resistencias a antibióticos |
|
Prebióticos |
-
Inocuos para el animal y el consumidor - Muy
buena aceptación por el consumidor |
-
Resultados variables en las distintas especies - Menor
eficacia que los APC |
|
Ácidos orgánicos y sus sales |
-
Inocuos para el animal y el consumidor - Buena
aceptación por el |
-
Resultados variables en los animales rumiantes -
Difícil manejo de los ácidos -
Pueden afectar negativamente a la ingestión -
Elevado coste - Menor
eficacia que los APC |
|
Enzimas |
-
Inocuos para el animal y el consumidor - Buena
aceptación por el consumidor (posibles reticencias si proceden de microorganismos modificados
genéticamente) |
- Sólo
son efectivas son el sustrato adecuado - Menor
eficacia que los APC -
Elevado coste |
|
Extractos vegetales |
-
Inocuos para el animal y el consumidor - Muy
buena aceptación por el consumidor |
-
Procesos de obtención caros y/o complicados -
Difícil control de su procedencia -
Pueden requerir altas dosis para ser efectivos -
Mecanismos de acción poco conocidos |
Si bien en el momento actual existe una amplia gama de
productos que pueden ser usados como sustitutivos de los APC, ninguno de ellos
supone una alternativa totalmente satisfactoria. En general, estos productos
son más caros y su eficacia es más variable, dependiendo de las condiciones de
explotación de los animales, si bien son mejor aceptados por el consumidor. En
cualquier caso, el uso de estas alternativas a los APC deberá acompañarse, sin
ninguna duda, de cambios en el manejo, la alimentación, la sanidad, e incluso
la genética, de los animales, ya que ninguna de estas alternativas presenta el
potente efecto profiláctico de los antibióticos. Las industrias del sector
agroalimentario tienen ante sí el reto de buscar nuevos productos en los
próximos años, productos que ofrezcan las garantías higiénico-sanitarias
adecuadas y demuestren su eficacia para mejorar los índices de conversión de
los animales. En este sentido, el pasado 25 de marzo la Comisión de la Unión
Europea anunció su intención de simplificar el proceso de registro y
autorización de nuevos aditivos. Este hecho puede ayudar a las empresas en el
desarrollo de nuevos productos, ya que el procedimiento actual es complicado y
de larga duración.
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