Asociación Argentina Cabañeros de Porcinos. 2007.
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crecimiento
Introducción
Los aditivos son usados rutinariamente en
la alimentación animal con tres
fines fundamentales: mejorar el sabor u otras características de las materias
primas, piensos o productos animales, prevenir ciertas enfermedades, y aumentar
la eficiencia de producción de los animales.

El rango de
aditivos utilizados con estos fines es muy amplio (ver Tabla 1), ya que bajo
este término se incluyen sustancias tan diversas como algunos suplementos
(vitaminas, provitaminas, minerales, etc.), sustancias auxiliares
(antioxidantes, emulsionantes, saborizantes, etc.), agentes para prevenir
enfermedades (coccidiostáticos y otras sustancias medicamentosas) y agentes
promotores del crecimiento (antibióticos,
probióticos, enzimas, etc.). Dentro del grupo de los aditivos
antibióticos están aquellos que se utilizan como promotores del crecimiento de los animales (APC), y que también
son denominados 'modificadores digestivos'.
Tabla 1. Categorías de aditivos que pueden utilizarse
en la Unión Europea
(Ministerio de Agricultura,
Pesca y Alimentación, 2000)
♦
Antibióticos
♦
Sustancias
antioxidantes
♦
Sustancias
aromáticas y saborizantes
♦
Coccidiostáticos
y otras sustancias medicamentosas
♦
Emulsionantes,
estabilizantes, espesantes y gelificantes
♦
Colorantes
incluidos los pigmentos
♦
Conservantes
♦
Vitaminas,
provitaminas y otras sustancias de efecto análogo químicamente bien definidas
♦
Oligoelementos
♦
Agentes
ligantes, antiaglomerantes y coagulantes
♦
Reguladores
de la acidez
♦
Enzimas
♦
Microorganismos
♦
Ligantes
de radionucleidos
Los antibióticos
promotores del crecimiento (APC): situación actual y perspectivas de futuro
Los APC son unos de los aditivos más
utilizados en la alimentación animal. Según un estudio de la Federación Europea
para la Salud Animal, en 1999 los animales de granja de la Unión Europea
consumieron 4.700 toneladas de antibióticos, cifra que representó el 35 % del
total de antibióticos utilizados. De estos antibióticos, 786 toneladas (un 6 % del
total) se utilizaron como aditivos promotores del crecimiento. Sin embargo, la
cantidad de APC disminuyó más de un 50 % desde 1997, año en el que se
consumieron 1.600 toneladas (un 15 % del total).
Los APC
provocan modificaciones de los procesos
digestivos y metabólicos de los animales, que se traducen en aumentos de
la eficiencia de utilización de los alimentos y en mejoras significativas de la
ganancia de peso. Algunos procesos metabólicos modificados por los APC son la
excreción de nitrógeno, la eficiencia de las reacciones de fosforilación en las
células y la síntesis proteica. Los APC también producen modificaciones en el
tracto digestivo, que suelen ir acompañadas de cambios en la composición de la
flora digestiva (disminución de agentes patógenos), reducciones en el ritmo de
tránsito de la digesta, aumentos en la absorción de algunos nutrientes (p.e.
vitaminas) y reducciones en la producción de amoníaco, aminas tóxicas y a
-toxinas (Rosen, 1995).
En los
animales rumiantes adultos, los APC provocan un aumento de la producción de
propiónico, una disminución de la producción de metano y de ácido láctico, y
una disminución de la degradación proteica y de la desaminación de los
aminoácidos. Todos estos cambios producen un aumento de la eficiencia del metabolismo
energético y nitrogenado en el rumen y/o en el animal. En resumen, la
utilización de APC reduce la incidencia de enfermedades en el ganado, mejora la
digestión y utilización de los alimentos, y reduce la cantidad de gases y
excretas producidos por los animales.
Todo ello se
traduce en beneficios tanto para el consumidor, a través de una reducción del
precio de los productos animales, como para el medio ambiente. Sin embargo,
estos efectos de los APC son menos acusados, llegando a ser incluso imperceptibles,
cuando los animales que los reciben se encuentran en condiciones de higiene y
manejo óptimas.
En la
Directiva 70/524/CEE del Consejo de la Unión Europea y en sus posteriores
modificaciones (cuyo número supera la centena en la actualidad) se recogen las
disposiciones legislativas, reglamentarias y administrativas a escala
comunitaria en relación con los aditivos utilizados en la alimentación animal.
Esta Directiva establece que los APC no deben causar daños a los consumidores a
través de alteraciones de las características de los productos animales, y no
deben dejar residuos inaceptables de compuestos relacionados o de sus
metabolitos en la carne, leche o huevos. A pesar de ello, no existen estudios
fiables que hayan investigado la existencia de residuos de estas sustancias en
los productos animales, y en la legislación europea vigente no figuran límites
máximos de residuos, ni existe un período de retirada previo al sacrificio de
los animales.
Las
primeras autorizaciones de antibióticos como aditivos promotores del
crecimiento incluyeron un total de 13 sustancias (Directiva 70/524/CEE), que
continuaron aumentando hasta alcanzar la cifra máxima de 24 en diciembre de
1998. Esta lista se ha visto reducida progresivamente, ya que el Consejo de la
Unión Europea ha prohibido la utilización de la mayoría de ellos, de tal forma
que en la actualidad únicamente está autorizado el uso de cuatro: flavofosfolipol, monensina sódica, salinomicina sódica y avilamicina.
Esta
autorización es temporal, ya que la Comisión de la Unión Europea propuso la
prohibición de estos cuatro antibióticos en enero de 2006. La prohibición del
uso de APC se basa, esencialmente, en la peligrosidad de estas sustancias por
su capacidad para crear resistencias cruzadas con los antibióticos utilizados
en medicina humana. Sin embargo, desde algunos sectores se apuntan otras
razones, como son la existencia de intereses comerciales y la posibilidad de
bloquear así la importación de productos animales procedentes de países en los
que el uso de estas sustancias está permitido.
Por otra
parte, en la opinión pública existe una tendencia generalizada al rechazo de
todo lo que no sea "natural". Las últimas crisis provocadas por la
aparición de la encefalopatía espongiforme bovina en el Reino Unido, la
contaminación por dioxinas en Bélgica y el escándalo asociado al uso de lodos
procedentes de aguas residuales en Francia, han sensibilizado a los
consumidores europeos con el mensaje de que la seguridad de los alimentos de
origen animal empieza por la seguridad de los alimentos para los animales,
incluidos los aditivos. Desde un punto de vista científico, la definición de
"calidad y seguridad" de un alimento de origen animal se fundamenta
en el conocimiento de los procesos nutritivos e higiénico-toxicológicos en los
que se basa su producción, aunque también pueden intervenir otros aspectos como
son la ética y el bienestar de los animales y la protección del medio ambiente.
Sin embargo, en el consumidor influye más el criterio de que el alimento sea "natural"
y completamente aceptado por la opinión pública y los medios de comunicación.
En este sentido, los medios de comunicación y las decisiones políticas juegan
un gran papel en la aceptación que puede tener un determinado alimento (o
aditivo) en el mercado.
Implicaciones de la prohibición del uso de APC
La
prohibición total del uso de APC puede tener repercusiones sobre la
salud de los animales y de los consumidores, así como sobre el medio ambiente.
Asimismo, esta prohibición tendrá importantes implicaciones económicas. Debido
a la actividad antimicrobiana de los APC, algunos investigadores han sugerido
que la supresión de estas sustancias puede provocar un aumento de la incidencia
de determinadas patologías en los animales (diarreas, acidosis, timpanismo,
etc.). Sin embargo, otros autores sugieren que si se toman medidas para mejorar
el estado higiénico-sanitario de los animales se pueden paliar estos posibles
efectos negativos sobre su salud y bienestar.
Los APC
tienen un efecto favorable sobre la producción de excretas y de gases, ya que
reducen la producción de metano y la excreción de nitrógeno y fósforo. Se ha
estimado que la supresión del su uso en la alimentación del ganado porcino,
vacuno y avícola en Alemania, Francia y el Reino Unido aumentaría anualmente la
emisión de nitrógeno y fósforo en 78.000 toneladas. Asimismo, también podría
aumentar la producción de metano (uno de los gases responsables del efecto
invernadero) de forma alarmante: se calcula que solamente en los tres países
citados anteriormente aumentaría en 1.246.000 metros cúbicos cada día.
La
prohibición del uso de APC tendrá importantes implicaciones económicas en el
sector zootécnico, ya que conllevará un aumento de los costes de producción. En
nuestro país, se ha estimado que la prohibición del uso de APC puede provocar
un aumento global de los costes de producción entre el 3,5 y el 5 %, según la
producción considerada.
Todos estos
inconvenientes podrían paliarse si se encuentran alternativas eficaces al uso
de estos antibióticos. En este sentido, la propuesta remitida por la Comisión
de la Unión Europea hace hincapié en la necesidad de desarrollar alternativas
válidas a los APC. Estas alternativas deben cumplir dos requisitos
fundamentales: ser eficaces (ejercer un efecto positivo sobre la producción
animal) y seguras (ausencia de riesgo para la salud humana, la salud animal y
el medio ambiente).
Alternativas a los aditivos antibióticos promotores del crecimiento
De forma
general, pueden considerarse dos alternativas al uso de APC: la implantación de
nuevas estrategias de manejo y la utilización de otras sustancias que tengan
efectos similares a los de los APC sobre los niveles productivos de los
animales. Las estrategias de manejo deben ir encaminadas a reducir la
incidencia de enfermedades en los animales, de forma que se evite tanto la
disminución de los niveles productivos ocasionada por las mismas como el uso de
antibióticos con fines terapéuticos. Estas estrategias pueden agruparse en
cuatro apartados (Committee on Drug Use in Food Animals, 1999):
a)
prevenir o
reducir el estrés a través de estrictos controles de la higiene de los
animales, de la calidad de los alimentos que reciben y de las condiciones
medioambientales en las que se crían
b)
optimizar
la nutrición de los animales, de forma que se mejore su estado inmunológico y
se eviten cambios bruscos en las condiciones alimenticias
c)
erradicar
en la medida de lo posible algunas enfermedades
d)
seleccionar
genéticamente animales resistentes a enfermedades.
En cuanto a
las sustancias alternativas, destacan como principales opciones los probióticos
y prebióticos, los ácidos orgánicos, las enzimas y los extractos vegetales.
Probióticos y prebióticos
Bajo el
término "probiótico" se
incluyen una serie de cultivos vivos de una o varias especies microbianas, que
cuando son administrados como aditivos a los animales provocan efectos
beneficiosos en los mismos mediante modificaciones en la población microbiana de su tracto
digestivo. La mayoría de las bacterias que se utilizan como probióticos en los
animales de granja pertenecen a las especies Lactobacillus, Enterococcus y
Bacillus, aunque también se utilizan levaduras (Saccharomyces cerevisiae) y
hongos (Aspergillus oryzae).
Numerosos
estudios han señalado que los probióticos producen mejoras en el crecimiento
y/o índice de conversión de cerdos
y aves similares a los obtenidos con APC (Hillman, 2001). Sin embargo, la
actividad de los probióticos es menos consistente que la de los APC, de tal
forma que el mismo producto puede producir resultados variables, y existen
muchos estudios en los que no se ha observado ningún efecto. Por otra parte,
los efectos de los probióticos son mucho más acusados en las primeras semanas
de vida de los animales, especialmente en el período posterior al destete en el
caso de los mamíferos. En los rumiantes adultos se ha observado que el uso de
probióticos (Saccharomyces cerevisiae y Aspergillus oryzae) puede incrementar
la producción de leche (entre 1 y 2 kg por animal y día) y la ganancia diaria
de peso de terneros en cebo (hasta un 20 %). Sin embargo, en estos animales la
actividad de los probióticos tampoco es consistente, y en muchos estudios no se
ha observado efecto alguno de estos aditivos.
Si bien todavía
se desconocen muchos aspectos de los mecanismos de acción de los probióticos,
parece que éstos impiden a los microorganismos patógenos (p.e. Salmonella, E.
coli) colonizar el tracto digestivo, o al menos reducen su concentración o su
producción de toxinas. Asimismo, se han registrado aumentos de la concentración
de inmunoglobulinas en el tracto
digestivo de cerdos tras la administración de Bacillus clausii, por lo
que otro efecto de los probióticos podría ser la estimulación del sistema
inmunológico del animal. El resultado es que los animales que reciben
probióticos presentan un mejor estado sanitario que se puede traducir en una
mejora del crecimiento. El mecanismo de acción de las levaduras en el caso de
los animales rumiantes es múltiple y complejo: eliminan trazas de oxígeno que
penetran en el rumen y favorecen así el crecimiento de las bacterias anaerobias
estrictas; compiten con las bacterias amilolíticas productoras de lactato por
la glucosa y oligosacáridos, disminuyendo la producción de lactato; liberan al
medio ruminal ácido málico que favorece el crecimiento de Selenomonas
ruminantium, la cual es capaz de metabolizar el lactato hasta popionato; y
producen nutrientes que estimulan el crecimiento de la bacterias ruminales.
Como consecuencia de estas acciones, el pH ruminal se estabiliza (se impide el
descenso acusado del mismo cuando se administran raciones ricas en
concentrados) y aumenta la degradación de la fibra (debido a la proliferación
de las bacterias celulolíticas).
Los
probióticos son aditivos totalmente seguros para los animales, el consumidor y
el medio ambiente, pero presentan dos inconvenientes principales: la falta de
consistencia de su actividad y que su precio es entre un 20 y un 30 % superior
al de los APC. Las investigaciones en este campo se centran en identificar
claramente los mecanismos de acción de los probióticos para producir nuevos cultivos que presenten un mayor
efecto e identificar las condiciones óptimas para su empleo. Un punto
fundamental en este aspecto es asegurarse de que los microorganismos
seleccionados no presenten resistencias a antibióticos, para evitar el peligro
potencial de que estas resistencias se transfieran a los microorganismos del
tracto digestivo. Aunque la primera autorización de un probiótico en la Unión
Europea no se produjo hasta 1994, actualmente existen más de veinte
preparaciones probióticas con autorización provisional, y su número va en
aumento.
El término
"prebiótico" incluye a una serie de compuestos indigestibles por el
animal, que mejoran su estado sanitario debido a que estimulan del crecimiento
y/o la actividad de determinados microorganismos beneficiosos del tracto
digestivo, y que además pueden impedir la adhesión de microorganismos
patógenos.
Las
sustancias más utilizadas son los oligosacáridos, que alcanzan el tracto
posterior sin ser digeridos y allí son fermentados por las bacterias
intestinales. Con una cuidada selección de los oligosacáridos, se puede
favorecer el crecimiento de las bacterias beneficiosas. Por ejemplo, se ha observado
que los fructo-oligosacáridos favorecen el crecimiento de Lactobacillus y
Bifidobacterium en el ciego de las aves y aumentan así su ritmo de crecimiento,
pero no se ha observado este efecto en los cerdos (Hillman, 2001). En los cerdos se ha observado que la
administración de manano-oligosacáridos produce mejoras en la ganancia de peso
vivo similares a las observadas con algunos APC. Los efectos de los prebióticos
parecen depender del tipo de compuesto y su dosis, de la edad de los animales,
de la especie animal y de las condiciones de explotación (Piva and Rossi,
1999). Debido a que estos compuestos son sustancias totalmente seguras para el
animal y el consumidor, es de esperar que su utilización se incremente en el
futuro, y que continúen las investigaciones para identificar las condiciones
óptimas para su uso. Por otra parte, ya que los modos de acción de los
probióticos y los prebióticos no son excluyentes, ambos pueden utilizarse
simultáneamente (constituyen así los denominados "simbióticos") para
obtener un efecto sinérgico.
Ácidos orgánicos
La
utilización de acidificantes (ácidos
orgánicos e inorgánicos) en la alimentación de lechones, aves y conejos permite obtener aumentos de su ritmo de
crecimiento. En los últimos años se ha impuesto el uso de ácidos orgánicos
(fórmico, láctico, acético, propiónico, cítrico, málico y fumárico) y de sus
sales frente a los ácidos inorgánicos,
debido a su mayor poder acidificante. Los efectos de los ácidos orgánicos son
más acusados en las primeras semanas de vida de los animales, cuando aún no han
desarrollado totalmente su capacidad digestiva. En los lechones, la secreción ácida del estómago no alcanza niveles
apreciables hasta 3 o 4 semanas tras el destete. Durante este tiempo, una gran
cantidad de material no digerido alcanza el colon y favorece la proliferación
de microorganismos patógenos que producen colitis y diarreas. Los ácidos
orgánicos mejoran el proceso digestivo en el estómago, de tal forma que
disminuye el tiempo de retención del alimento y aumenta la ingestión, a la vez
que se previenen los procesos diarreicos. Por otra parte, los ácidos orgánicos
pueden ser absorbidos por el animal, representando así una fuente adicional de
nutrientes. Los ácidos orgánicos pueden también inhibir el crecimiento de
determinados microorganismos digestivos patógenos, ya que reducen el pH del
tracto digestivo y además tienen actividad bactericida y bacteriostática.
En los
animales rumiantes la utilización de ácidos orgánicos está mucho menos
extendida, y las experiencias realizadas hasta el momento se reducen a los
ácidos málicos y fumárico.
Estos ácidos ejercen su acción a nivel del
rumen, donde estimulan el crecimiento de Selenomonas ruminantium. Esta bacteria
puede metabolizar el ácido láctico para producir acético y propiónico, de tal
forma que se previene el acusado descenso del pH ruminal producido cuando los
animales reciben grandes dosis de concentrados. Por otra parte, esta bacteria
también metaboliza los ácidos málico y fumárico hasta propiónico, por lo que aumenta
la producción de este último. Los efectos de los ácidos orgánicos sobre la
fermentación ruminal (aumento de la producción de propiónico, disminución de la
concentración de ácido láctico, estabilización del pH ruminal, disminución de
la producción de metano) son similares a los obtenidos con los antibióticos
ionóforos. Sin embargo, las respuestas productivas de los animales obtenidas en
los escasos experimentos realizados con terneros en cebo o vacas lecheras no
son consistentes. En este sentido, todavía deben definirse las condiciones de
alimentación en las que estos ácidos resultan más eficaces, así como las dosis
óptimas en cada caso.
Los ácidos
orgánicos aparecen en la lista de aditivos autorizados por la Unión Europea,
dentro del grupo de los "conservantes", y se permite su uso en todas
las especies animales. Estos ácidos pueden considerarse sustancias seguras, ya
que no abandonan el tracto digestivo y por ello no pueden dejar residuos en los
productos animales. El principal inconveniente que plantea su uso, sobre todo
en el caso de los animales rumiantes (en los que la dosis debe ser mayor), es
su elevado coste. Por otra parte, estos ácidos también presentan dificultades
de manejo debido a que son sustancias corrosivas. Además, cuando se utilizan en
dosis elevadas pueden afectar negativamente a la palatabilidad de los alimentos
y disminuir su ingestión. La alternativa actual es combinar dosis bajas de
estos productos con otros aditivos (probióticos, aceites esenciales, etc.) que
presenten acciones similares en el tracto digestivo de los animales.
Enzimas
Las enzimas son proteínas que catalizan
diferentes reacciones bioquímicas. Los preparados enzimáticos utilizados como
aditivos en la alimentación animal actúan a nivel del sistema digestivo, ejerciendo
diferentes acciones como son eliminar factores antinutritivos de los alimentos,
aumentar la digestibilidad de determinados nutrientes, complementar la
actividad de las enzimas endógenas de los animales y reducir la excreción de
ciertos compuestos (p.e., fósforo y nitrógeno). Los preparados enzimáticos son
eficaces si se utilizan en las condiciones idóneas. Un punto fundamental es la
especificidad de cada enzima por un sustrato determinado. Por ello, las
preparaciones enzimáticas debe estar perfectamente caracterizadas y ser
utilizadas únicamente sobre aquellas raciones que contengan los sustratos
adecuados. Otro punto fundamental es que las enzimas son proteínas
termolábiles, hecho que debe ser tenido en cuenta a la hora de elaborar los
preparados enzimáticos y de aplicarlos a las raciones.
Las
principales enzimas utilizadas en la alimentación de los animales
monogástricos son: b -glucanasa, xilanasa, a -amilasa, a -galactosidasa,
fitasa, celulasas y proteasas.
Los
preparados enzimáticos resultan especialmente eficaces en el caso de las aves,
en las que se han descrito mejoras de su crecimiento (entre un 2 y 6 % en
broilers alimentados con granos de cereales) y del índice de conversión (entre
un 2 y 4 %). En el caso del ganado porcino también se han descrito
mejoras similares en la ganancia diaria de peso, si bien en todos los casos la
magnitud de la respuesta depende del tipo de preparado enzimático y de los
componentes de la ración que reciben los animales. En cuanto a los animales
rumiantes, la utilización de enzimas en su alimentación no está muy extendida.
En estos animales pueden resultar muy útiles las enzimas fibrolíticas
(celulasas, xilanasas, etc.) en aquellas ocasiones en las que las prácticas de
alimentación provocan un ambiente ruminal desfavorable para la degradación de
la fibra (p.e. raciones con un elevado porcentaje de concentrados que producen
un acusado descenso del pH ruminal). También serían útiles los preparados
enzimáticos que permitieran eliminar las barreras que impiden el acceso de las
enzimas microbianas a algunos alimentos, como serían proteasas que rompieran la
matriz proteica que rodea a los gránulos de almidón del maíz, o cutinasas y
estearasas que rompieran los enlaces que establecen la lignina y la cutina con
las hemicelulosas de la pared celular de los forrajes.
Los
preparados enzimáticos deben ser diseñados para superar los factores que
limitan la digestión de cada tipo de alimento en cada especie animal, y en la
práctica se deben combinar de forma correcta enzima y sustrato. Las
perspectivas de futuro pasan por desarrollar combinaciones de enzimas adecuadas
a los nuevos ingredientes que se van incorporando a las raciones en las
distintas etapas de producción, así como en fabricar enzimas más estables y más
baratas. El gran desarrollo que pueden llegar a presentar estos aditivos se
refleja en el hecho de que desde 1998, año en el que se aprobó por primera vez
el uso de un preparado enzimático, se ha autorizado el uso de más de cincuenta
preparaciones enzimáticas en la Unión Europea, aunque sólo una de ellas posee
una autorización permanente. Por otra parte, estos compuestos deberían ser bien
aceptados por el consumidor, ya que no se absorben y no pueden dejar residuos
en los productos animales. Sin embargo, muchas de las enzimas son producidas
por microorganismos que han sido modificados genéticamente para aumentar su
capacidad de producción enzimática. A pesar de que todos estos microorganismos
han sufrido un proceso de evaluación de su seguridad de acuerdo con la normativa
europea, su utilización puede causar reticencias en algunos consumidores.
Extractos vegetales
La
utilización de plantas y de hierbas medicinales, o de alguno de sus
componentes, se plantea actualmente como una de las alternativas más naturales
a los APC. Algunas plantas
(anís, tomillo, apio, pimiento, etc.) contienen aceites esenciales que les
confieren propiedades aromáticas. Tal y como se ha observado en diferentes
experimentos, la utilización de estos aceites puede producir aumentos de la
ganancia diaria de peso similares a los registrados con APC en cerdos y
pollos (Piva and Rossi, 1999). Otras plantas, como los cítricos (naranja,
pomelo, mandarina, etc.) contienen bioflavonoides que también pueden producir
efectos positivos sobre los rendimientos productivos de los animales.
Los
mecanismos de acción de estas sustancias, y de otras extraídas de diferentes
plantas, no se conocen totalmente, y varían según la sustancia de que se trate,
pero algunos de los mecanismos propuestos son: disminuyen la oxidación de los
aminoácidos, ejercen una acción antimicrobiana sobre algunos microorganismos
intestinales y favorecen la absorción intestinal, estimulan la secreción de
enzimas digestivos, aumentan la palatabilidad de los alimentos y estimulan su
ingestión, y mejoran el estado inmunológico del animal. En el caso de los
animales rumiantes se han realizado menos experiencias, pero existen ya
productos comerciales a base de extractos de Yucca shidigera. La utilización de
estos extractos (ricos en saponinas) provoca en el rumen un descenso de las
bacterias Gram+ y de los protozoos, lo que se traduce en una reducción de los
niveles de amoníaco en el rumen, aumenta la producción de ácidos grasos
volátiles y puede incluso incrementar la síntesis microbiana. En los animales
no rumiantes estos extractos han
demostrado también su actividad, ejerciendo su efecto antiprotozoario y
mejorando el estado inmunológico de los animales.
Los extractos de plantas forman parte de
lo que se denomina "zona gris" en los aditivos, un grupo de
sustancias "toleradas" pero no admitidos como aditivos de manera
estrictamente legal. Los extractos
vegetales entrarían dentro del grupo de aditivos clasificado como
"sustancias aromáticas y saborizantes", en el que se incluyen
"todos los productos naturales y los productos sintéticos
correspondientes", y que pueden utilizarse en todas las especies animales,
sin restricción alguna en su edad o en la dosis de producto. Dada que estos
productos son muy bien aceptados por el consumidor, son una de las alternativas
a los APC con más futuro, y la búsqueda de nuevas sustancias representa una
importante área de investigación en el campo de los aditivos alimentarios. Sin
embargo, también presentan algunos inconvenientes, ya que la obtención de
extractos vegetales es en muchos casos complicada y costosa, las dosis
efectivas de los mismos pueden ser elevadas, y en muchos casos se trata de
compuestos volátiles. Además, es necesario conocer la procedencia de estos
productos para que su utilización sea realmente segura, lo que actualmente no
resulta fácil.
Tabla 2. Ventajes e inconvenientes de algunas posibles
alternativas
a los antibióticos promotores del crecimiento
(APC)

Conclusiones
Si bien en el
momento actual existe una amplia gama de productos que pueden ser usados como sustitutivos de los APC, ninguno de ellos supone una
alternativa totalmente satisfactoria. En general, estos productos son más caros
y su eficacia es más variable, dependiendo de las condiciones de explotación de
los animales, si bien son mejor aceptados por el consumidor. En cualquier caso,
el uso de estas alternativas a los APC deberá acompañarse, sin ninguna duda, de
cambios en el manejo, la alimentación, la sanidad, e incluso la genética, de
los animales, ya que ninguna de estas alternativas presenta el potente efecto
profiláctico de los antibióticos. Las industrias del sector agroalimentario
tienen ante sí el reto de buscar nuevos productos en los próximos años,
productos que ofrezcan las garantías higiénico-sanitarias adecuadas y
demuestren su eficacia para mejorar los índices de conversión de los animales.
En este sentido, la Comisión de la Unión Europea anunció su intención de
simplificar el proceso de registro y autorización de nuevos aditivos. Este
hecho puede ayudar a las empresas en el desarrollo de nuevos productos, ya que
el procedimiento actual es complicado y de larga duración.
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